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miércoles, 30 de junio de 2010

XXXII Marcha del Orgullo LGBTTT.discurso oficial

XXXII Marcha del Orgullo LGBTTT

Discurso oficial




Bienvenidas y bienvenidos a esta marcha del Bicentenario, a esta marcha del Orgullo, a esta celebración para las libertades, para la independencia, para las reformas y las revoluciones sexuales que hoy es necesario reivindicar.



Hace 200 años, en México y toda América, hubo quienes se plantearon que tenían derechos y sacaron de la clandestinidad y de la opresión esa dignidad para exigir igualdad para apropiarse de su territorio.



Eso es también lo que nos convoca hoy aquí. Lo mismo que nos convocó desde hace 32 años. Se dice fácil, pero atreverse a desafiar a la ignorancia, que se siente autoridad absoluta, universal, inmutable e infinita, requiere de muchas voces que digan ¡ya basta!.



México, después de 200 años, sigue siendo un país profundamente desigual, profundamente discriminatorio. Con una historia fundada en la exclusión, en el pensamiento único, en la exclusión de las diferencias.



Hoy debemos decir que nosotras y nosotros también estuvimos en las luchas de Independencia , de la Reforma y en la Revolución Mexicana, porque este país no es solo un país de y para los heterosexuales, aquí convivimos muchas ciudadanías, somos diversos quienes habitamos la Nación. El autoritarismo del garrote, debe abrirle paso a la institucionalidad democrática y el Estado de derecho, el movimiento LGBTTTI se inscribe en ese contexto.



Hoy estamos aquí para reafirmar que nuestros derechos, no inician, ni terminan con la cuestión del matrimonio, y mucho menos con del idea de matrimonio que hasta hoy se ha fabricado. Que nuestros derechos van más allá, son más, mucho más que eso, significa la convicción de que nadie más debe decidir por nosotras y nosotros, que somos nosotras y nosotros quienes decidimos de forma libre, responsable y soberana de qué forma, con quién y cómo debemos vivir o amar. No nos vamos a conformar con ciudadanía a medias, de segunda clase, simplemente porque no aceptamos esa democracia, que no lo es, y que se nos quiere vender.



Aquí y hora el reclamo para que se reconozca nuestro derecho al matrimonio sin discriminació n, significa rechazar los retazos que algunos, los de siempre, nos quieren imponer, no sólo en el ámbito simbólico, sino también en el plano del acceso a las oportunidades y los derechos, en este caso, a esa institución llamada matrimonio, que los liberales del siglo XIX le arrebataron a las instituciones eclesiásticas de la iglesia en nuestro país, para convertirlo en un acto civil, que ahora requiere volverse realmente un acto de ejercicio de plena ciudadanía.



Nuestra demanda de estos tiempos, pone a prueba el discurso democrático, colocando a las instituciones de justicia frente al reto de dar el siguiente paso al siglo XXI. No podemos aceptar ni un retroceso más, no podemos claudicar permitiendo el engaño de quienes pretenden restarnos derechos, como el de adopción, que por cierto ya teníamos. No podemos admitir un supuesto avance para arribar de forma absurda, al mismo lugar.



No vamos a aceptar un oscuro pacto, para cubrir las apariencias de pluralidad y llenar los formularios del caduco clientelismo o la inadmisible sumisión Que quede claro, no lo vamos a permitir. Llegamos nuevamente como iguales, nuestros afectos y vidas valen tanto como las demás.



Nuestras familias están aquí, salimos al espacio público para que todo el mundo constate, se entere y tome nota del testimonio de que nuestros hijos e hijas también se sienten libres, son queridos y se reconocen iguales en dignidad, formando parte de las familias en plural, somos distintos porque nuestros lazos han sido establecidos, a través de la profunda convicción de que, lo que es verdaderamente importante y debe prevalecer es el amor, el apoyo y el cuidado mutuo y de que lo que realmente hay que esconder es la vergüenza de vivir en un país homofóbico, lesbofóbico, transfóbico.

Porque así hay que nombrar a las cosas, porque no le tenemos miedo a las palabras. Coincidimos en que el decreto presidencial del pasado 17 de mayo para decretar el “Día de la Tolerancia y el Respeto a las Preferencias” invisibiliza el enorme problema social relacionado con la homofobia e ignora la lucha que las organizaciones de la sociedad civil hemos desarrollado desde hace 8 años para que se declare el Día Nacional contra la Homofobia. Esta es una acción que deja ver claramente la homofobia institucionalizada desde la figura presidencial, de la que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminació n se ha hecho cómplice.

El panorama no es fácil y nos exige estar a la altura de las circunstancias. Por ello, nos pronunciamos también en contra de las modificaciones constitucionales que han penalizado la interrupción del embarazo en el país, buscando frenar el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas.

Queremos señalar asimismo que los supuestos avances en materia de no discriminació n y derechos sexuales traen consigo efectos colaterales como el aumento de crímenes de odio por homofobia. De acuerdo a los resultados preliminares del Informe realizado por Letra S y la Comisión Ciudadana contra Crímenes de Odio por Homofobia, se calcula que de 1995 a 2009 se han cometido 640 asesinatos por homofobia en el país. En el Distrito Federal se detectaron 144 crímenes, lo que coloca a esta ciudad en el primer lugar de incidencia, aunque hay que recordar que esta cifra puede ser aún mayor, debido a la dificultad para acceder a la información que sin duda arrojaría datos en el sentido que esos crímenes han afectado en mayor medida a las entidades federativas.

La Constitución Política conjuga y resume las demandas producto de las gestas históricas y procesos políticos nacionales, y aunque necesita ponerse al día porque aún refleja importantes rezagos, es suficiente para dar cobijo a nuestro reclamo y el de nuestras familias: estamos seguros de que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación considerarán la constitucionalidad de las leyes que nos dan cobijo.



También deben tomar en cuenta que salimos de la oscuridad que durante siglos se nos impuso. Se nos ha humillado, asesinado, excluido, ignorado, torturado, ninguneado, y por ende, nuestras familias no tienen las mismas oportunidades que las otras, las conformadas por la mamá, el papá, los hijitos, el perro con pedigree, el jardín y la mami-van.



Ha sido gracias a las fuerzas retrógradas y oscurantistas que desde jóvenes fuimos expulsados de nuestras familias, aconsejadas por el fundamentalismo religioso y político que les recomendaba excluirnos. Cuántos de nosotras y nosotros que estamos hoy aquí no fuimos negados por nuestros hermanos, o tías, o vecinos, cuando sospechaban que no éramos obedientes frente al orden social patriarcal.



Ya nos cansamos de esa historia, que más bien parece una pésima historieta. Ahora queremos dar nuestra versión aquí, desde quienes reivindicamos el derecho a la diferencia, porque distintas y distintos, pero iguales. Nos negamos a que la única llave para acceder a los derechos humanos sea el matrimonio que discrimina y a que sea éste el único derecho que se nos reconozca.



Debemos tener las mismas oportunidades de acceder al derecho al trabajo, al ingreso, a la salud y a la seguridad social, a la educación, a la cultura, a la alimentación, al agua, a que se nos respete nuestra vida privada, a que la policía no nos veje, amedrente o torture, además de una larga lista de derechos frente a los cuales no vamos a descansar hasta pensamos ejercer a plenitud.



Hacemos nuestra a la ciudad, como hacemos nuestros, a nuestros cuerpos y afectos. Esta magnífica ciudad que hoy se embarga de tristeza por la partida de quien siempre apoyó la causa LGBTTI, nuestro entrañable Monsiváis. Monsi, sabemos que sigues con nosotras y nosotros, donde quiera que estés.



Nuestras batallas culturales las hemos dado siempre en un marco de diálogo respetuoso, y ahora, es necesario que la Suprema Corte de Justicia de la Nación refrende que el marco jurídico en el Distrito Federal, representa un avance que ya no se podrá detener en otros puntos del país. Los ministros de la Corte deben considerar que nuestras vidas y la de nuestros hijos e hijas, no son una hipótesis jurídica, ni un mero supuesto legal, o una ficción de alguna mente truculenta. No,

nuestras familias ya están instaladas en la realidad de este país desde hace mucho tiempo, y es la ley la que debe encargarse de asegurar la erradicación de la discriminació n y garantizar la igualdad de todas y todos.

Hoy el mundo admite, incluida la Convención Internacional por los Derechos del Niño, que no hay solo una forma o modo de familia, y que los y las niñas merecen ser amados y cuidados, sin discriminació n de ninguna índole.



Nada nos ha sido regalado ni por la casualidad histórica, ni por la benevolencia partidista o gubernamental. Han sido 32 años de salir a la calle, de reorganizarnos y lograr ser cada día mejores, sabiendo que cada día también somos más. Esta marcha fue atrayendo incluso a familias bugas que se vienen a sumar con simpatía. Esto ratifica lo que las encuestas de las empresas Mitofsky y de María de las Heras han anotado, que un poco más de la mitad de la población está de acuerdo con el reconocimiento jurídico de nuestros derechos. Esa también es una realidad que los y las ministras deberán sopesar. El interés superior de las niñas y niños también es nuestro, está aquí, está de nuestro lado.



En este marco del Día Mundial de la lucha LGBTTI, llegamos de todos los rincones del país, incluso de aquellos donde la persecución de la ultraderecha es feroz, para demostrar nuestro orgullo y nuestra disidencia sexo afectiva e identitaria. Aquí está presente Jalisco, Nuevo León, Coahuila, Guerrero, Tabasco, Michoacán, Yucatán…



Tenemos la absoluta seguridad de que en las heroicas luchas que edificaron este país hubo muchas personas como las que hoy nos atrevemos a salir de la clandestinidad cultural. Imposible ignorar a Sor Juana Inés de la Cruz, la décima musa y hermoso ejemplo de fortaleza y lucha por el amor y derecho al conocimiento, a la educación para las mujeres; cómo olvidar a esa inteligencia que era soledad en llamas. Cómo olvidar a Salvador Novo, agudo cronista, de quien hay que celebrar el ingenio y mordacidad, como un hombre que se atrevía a mostrar su homosexualidad.

Es momento de hablar de Frida Kahlo, esa pintora bisexual que dejó su intensa vida grabada para siempre en sus lienzos. Qué mejor día que hoy, para traerlos aquí, con nosotras y nosotros para compartir su visión de la vida y de país.

Hay que sacar del olvido a la Catalina de Erazo, la Monja Alférez, quien habiendo nacido como mujer, hasta el mismo Vaticano reconoció como hombre con el nombre de Antonio. Tenemos que conocer y reconocer también a las mujeres lesbianas, como Amelio Robles Ávila, quien participó en la justa revolucionaria de 1910, donde se hizo conocer como el coronel Robles mostrando abiertamente su preferencia sexual al hacerse acompañar por Ángela Torres su compañera sentimental por más de una década.

Hay que sacar del anonimato a esos cuarenta y un desconocidos de los cuales no sabemos en la mayoría de los casos sus nombres reales, porque la ignominia los condenó al destierro, por el temible hecho de atreverse a hacer una fiesta en la que solo había hombres, una madrugada de noviembre de 1901.

Personas anónimas hay muchas, como esos 13 hombres que murieron quemados vivos por el “Santo” oficio el 6 de noviembre de 1658, junto con Cotita de la Encarnación, un mulato homosexual mexicano acusado de entregarse al vicio de yacer con otros hombres desde la edad de siete años.

El olvido ha enterrado los nombres de hombres y mujeres que en su tiempo se atrevieron a vivir de acuerdo a su propio ser, a su propio sentir. Ya fuera en la época prehispánica o colonial, en las justas independentista y revolucionaria o en el México del siglo XX, empuñando, armas o pinceles, como pensadores o artesanos, como dirigentes o como parte del pueblo, ellas y ellos han puesto de su parte, para que hoy estemos aquí. Sin duda estarían felices de ver a donde hemos llegado, y con seguridad, estarían a nuestro lado, luchando por conseguir lo mucho que aún nos hace falta.

Nos pronunciamos a favor de la lucha de los colectivos transgéneros, transexuales, travestis e intersexuales por el reconocimiento de su identidad sexogenérica. La aprobación de una legislación que ofrezca el cambio de identidad no es suficiente para avanzar en la solución de las problemáticas de este importante sector de la población, por lo que es indispensable acompañar a las legislaciones vigentes de los recursos para su difusión y aplicación.

Debemos reconocer que los colectivos trans prevalece las discriminació n y el hostigamiento, situación que no cambiará hasta que se apliquen políticas públicas que les ofrezcan las oportunidades de crecimiento necesario para la integración social a la que aspiramos.

Somos un movimiento independiente que hemos tenido que enfrentar el constante intento de los partidos políticos por corporativizarnos, por cooptarnos, por tratar de apropiarse de nuestras demandas para después mercarlas como moneda de cambio por votos. Esta marcha no apoya a partidos políticos, tenemos la madurez suficiente para saber que somos diversos no solo en lo sexual, sino también en lo ideológico y lo político, por ello rechazamos cualquier intento por parte de estas instituciones de hacernos parecer como parte de su mercado electoral.

Miles de años han tenido que pasar para construir el México en el que hoy vivimos, pero no podemos darnos el lujo de esperar más tiempo para construir el México que soñamos. Es nuestra obligación el sentar hoy las bases de nuestro futuro, ese es el verdadero compromiso y esa debe ser nuestra obligación.

Hemos crecido mucho a lo largo de estos años, seguramente dicha habría en los ojos de Manuel Rodríguez Lozano, de Frida, de Juana de Asbaje si vieran este júbilo. Impresionados estarían los 41 y Cotita de la encarnación de ver esta concentración. ¿Qué pensaría el Coronel Robles al ver lo que hemos logrado sin armas? Rememorarlos hoy es señalar que sin ellos no hay color en la historia. El pensar en un país sin nosotras y nosotros es proyectar una nación privada de la riqueza que ofrece la diversidad.



Que viva El Coronel Amelio Robles

Que Viva salvador Novo

Que Viva Juana de Asbaje

Que Viva Manuel Rodríguez Lozano

Que Viva Cotita de la encarnación

Que vivan los cuarenta y uno

Que vivan los homosexuales que hicieron patria

Que vivan las lesbianas que han hecho esta nación

Que vivan las y los trans que han construido este país

Viva México

Viva Latinoamérica

lunes, 21 de junio de 2010

LA CRISIS, UNA ESTAFA DETRAS DE OTRA

La crisis, una estafa detrás de otra

Juan Torres López · · · · ·



20/06/10







La Real Academia Española de la Lengua define de dos modos el verbo estafar. Como pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños y con ánimo de no pagar, y, en sentido jurídico, como cometer alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio. Por eso yo creo que el término de estafa es lo que mejor describe lo que han hecho continuadamente los bancos, los grandes especuladores y la inmensa mayoría de los líderes y las autoridades mundiales antes y durante la crisis que padecemos.

Los Estados le dieron a los bancos privados el privilegio de crear dinero emitiendo deuda con la excusa de que eso era necesario para financiar la actividad de las empresas y los consumidores. Pero en los últimos treinta años, la banca internacional multiplicó la deuda para financiar los mercados especulativos y para ganar dinero simplemente comprando y vendiendo más dinero, y no para financiar a la economía productiva. Esta es la primera estafa.

Para disponer de recursos adicionales a los que le depositaban sus clientes, la banca ideó formas de vender los contratos de deuda y los difundió por todo el sistema financiero internacional. Pero al hacerlo, ocultaba que millones de esos contratos no tenían las garantías mínimas y que al menor problema perderían todo su valor, como efectivamente ocurrió. Actuando de esa forma y tratando de elevar cada vez más la rentabilidad de sus operaciones, la banca fue asumiendo un riesgo cada vez mayor que ocultaba a sus clientes y a las autoridades y que transmitiía al conjunto de la economía. Esta es la segunda estafa.

Para llevar a cabo esas estafas, la banca recurrió a las agencias de calificación que actuaron como sus cómplices corruptos engañando sistemáticamente a clientes y autoridades indicando que la calidad de esos productos financieros era buena cuando en realidad sabían que lno era así y que, por el contrario, se estaba difundiendo un riesgo elevadísimo porque eran, como se demostró más adelante, pura basura financiera. Esta es la tercera estafa.

Los grandes financieros consiguieron que los bancos centrales fueran declarados autoridades independientes de los gobiernos con la excusa de que éstos podían utilizarlos a su antojo y de que así era mejor para lograr que no subieran sus precios. Sin embargo, lo que ocurrió fue que con ese estatuto de "independientes" los bancos centrales se pusieron al servicio de los bancos privados y de los especuladores, mirando a otro lado ante sus desmanes. Y asi, en lugar de combatir la inflación permitieron que se diera la subida de precios de la vivienda quizá más alta de toda la historia y constantes burbujas especulativas en numerosos mercados. Y lejos de conseguir la estabilidad financiera lo cierto fue que durante su mandato "independiente" también hubo el mayor número de crisis financieras de toda la historia. Esta es la cuarta estafa.

Para generar fondos suficientes para invertir en los mercados especulativos cada vez más rentables, los bancos y grandes financieros lograron, con la excusa de que eso era lo conveniente para luchar contra la inflación, que los gobiernos llevaran a cabo políticas que redujeran los salarios y aumentaran así los beneficios (que en su mayor parte van a ahorro en lugar de al consumo como le pasa a los salarios), y la progresiva privatización de las pensiones y de los servicios públicos. Esta es la quinta estafa.

Cuando el riesgo acumulado de esa forma estalló y se desencadenó la crisis, los bancos y los poderosos lograron que los gobiernos, en lugar de dejar caer a los bancos irresponsables, de encarcelar a sus directivos y a los de las agencias de calificación que provocaron la crisis, les dieran o prestaran a bajísimo interés varios billones de dólares y euros de ayudas con la excusa de que así volverían enseguida a financiar a la economía. Pero en lugar de hacer esto último los bancos y grandes financieros usaron esos recursos públicos para sanear sus cuentas, para volver a tener enseguida beneficios o para especular en mercados como el del petróleo o el alimentario, provocando nuevos problemas o que en 2009 hubiera 100 millones de personas hambrientas más que en 2008. Esta es la sexta estafa.

Los gobiernos tuvieron que gastar cientos de miles de millones de dólares o euros para evitar que la economía se colapsara y para ayudar a la banca. Como consecuencia de ello tuvieron que endeudarse. Como los bancos centrales están dominados por ideas liberales profundamente equivocadas y al servicio de la banca privada, no financiaron adecuadamente a los gobiernos, como sí habían hecho con los bancos privados, y eso hizo que tuvieran que ser los bancos privados quienes financiaran su deuda. Así, éstos últimos recibían dinero al 1% de los bancos centrales y lo colocan en la deuda pública al 3, al 4 o incluso al 8 o 10%. Esta es la séptima estafa.

Como los bancos y grandes financieros no se quedaron contentos con ese negocio impresionante, se dedicaron a propagar rumores sobre la situación de los países que se habían tenido que endeudar por su culpa. Eso fue lo que hizo que los gobiernos tuvieran que emitir la deuda más cara, aumentando así el beneficio de los especuladores y poniendo en grandes dificultades a las economías nacionales. Esta es la octava estafa.

Los gobiernos quedaron así atados de pies y manos ante los bancos y los grandes fondos de inversión y, gracias a su poder en los organismos internacionales, en los medios de comunicación y en las propias instituciones políticas como la Unión Europea, han aprovechado la ocasión para imponer medidas que a medio y largo plazo les permitan obtener beneficios todavía mayores y más fácilmente: reducción del gasto público para fomentar los negocios privados, reformas laborales para disminuir el poder de negociación de los trabajadores y sus salarios, privatización de las pensiones, etc... Afirman que así se combate la crisis pero en realidad lo que van a producir es todo lo contrario porque es inevitable que con esas medidas caiga aún más la actividad económica y el empleo porque lo que hacen es disminuir el gasto productivo y "el combustible" que los sostiene. Esta es la novena estafa.

Desde que la crisis se mostró con todo su peligro y extensión, las autoridades e incluso los líderes conservadores anunciaron que estaban completamente decididos a poner fin a las irresponsabilidades de la banca y al descontrol que la había provocado, que acabarían con el secreto bancario, con los paraísos fiscales y con la desregulación que viene permitiendo que los financieros hagan cualquier cosa y que acumulen riesgo sin límite con tal de ganar dinero... Pero lo cierto es que no han tomado ni una sola medida, ni una sola, en esa dirección. Esta es la décima estafa.

Mientras está pasando todo esto, los gobiernos, esclavos o cómplices de los poderes financieros, no han parado de exigirle esfuerzos y sacrificios a la ciudadanía mientras que a los ricos y a los bancos y financieros que provocaron la crisis no les han dado sino ayudas constantes y todo tipo de facilidades para que sigan haciendo exactamente lo mismo que la provocó. Gracias a ello, éstos últimos están obteniendo de nuevo cientos de miles de millones de euros de beneficios mientras que cae la renta de los trabajadores, de los jubilados o de los pequeños y medianos empresarios. Esta es la undécima estafa.

Mientras que constantemente vemos que los presidentes de gobiernos reciben instrucciones del Fondo Monetario Internacional, de las agencias de calificación, de los banqueros o de la gran patronal, la ciudadanía no puede expresarse y se le dice que todo lo que está ocurriendo es inexorable y que lo que ellos hacen es lo único que se puede hacer para salir de atolladero. Esta es la duodécima estafa.

Finalmente, se quiere hacer creer a la gente que la situación de crisis en la que estamos es el resultado de un simple o momentáneo mal funcionamiento de las estructuras financieras o incluso económicas y que se podrá salir de ella haciendo unas cuantas reformas laborales o financieras. Nos engañan porque en realidad vivimos desde hace decenios en medio de una convulsión social permanente que afecta a todo el sistema social. La verdad es que cada vez hay un mayor número de seres humanos hambrientos y más diferencias entre los auténticamente ricos y los pobres, que se acelera la destrucción del planeta, que los medios de comunicación están cada vez en propiedad de menos personas, que la democracia existente apenas deja que la ciudadanía se pronuncie o influya sobre los asuntos más decisivos que le afectan y que los poderosos se empeñan en imponer los valores del individualismo y la violencia a toda la humanidad. Esta es la decimotercera estafa.

Lo que ha ocurrido y lo que sigue ocurriendo a lo largo es la crisis es esto, una sucesión de estafas y por eso no se podrá salir de ella hasta que la ciudadanía no se imponga a los estafadores impidiendo que sigan engañándola, hasta que no les obligue a dar cuentas de sus fechorías financieras y hasta que no evite definitivamente que sigan comportándose como hasta ahora.

Juan Torres López es catedrático de economía aplicada en la Universidad de Sevilla



juantorreslopez.com/, 18 junio 2010

domingo, 20 de junio de 2010

MONSIVAIS

Monsiváis

Enrique Montalvo Ortega

Con la muerte de Carlos Monsiváis el día de ayer, México ha perdido a su intelectual más crítico y completo, a alguien que con la fuerza de su palabra constituyó en todo momento un desafío para el proceso de derechización que hemos venido viviendo desde hace varias décadas, proceso que amenaza ya nuestra existencia como país.

El rasgo más notable, y a la vez temible, para el México actual, el mayor riesgo que enfrentamos, lo constituye la destrucción del país a raíz de la incapacidad sin límites de quienes nos gobiernan y de la gigantesca ambición y rapacidad de los grandes oligarcas. Fenómenos tan destructivos como el de la violencia actual serían impensables en un México en el que el tejido social no hubiera sido arrasado por las acciones de los protagonistas de la imposición neoliberal.

La escritura de Carlos Monsiváis constituyó precisamente una apuesta a la reestructuración y renovación del tejido y la identidad nacional, en términos realmente democráticos y populares. Son incontables sus aportaciones en los ámbitos de la historia, la crónica (con la que ha rescatado la vida de innumerables movimientos sociales), la crítica literaria, el análisis político, la cultura popular y muchos otros terrenos, pero si algo unifica su obra es la intención de construir una sociedad en la que todos los mexicanos podamos convivir libremente y disfrutando de la vida.

Vienen a mi mente ahora los más diversos flashazos de su imagen. Lo recuerdo sentado en su escritorio, en su casa de la colonia Portales, sumido entre una montaña de libros y una pléyade de gatos que aparecían por todas partes, comentando las distintas facetas de nuestra crisis.

Lo miro en “Aguascalientes”, en la Convención Nacional Democrática del EZLN, con un palo a la manera de bastón para apoyarse tras una torcedura del pie, apoyando a la vez que tratando de comprender la lógica de ese movimiento social con armas, que no movimiento armado, como lo definía.

Lo recuerdo en un café, tras un encuentro casual en una librería de Madrid, en 1995, reflexionando sobre boleros “históricos”, de los que recordaba anécdotas sorprendentes, así como por supuesto las letras completas.

Lo veo en las calles del Distrito Federal tras el temblor de 1985 o en diversas manifestaciones públicas, ya sea formando parte de los contingentes, ya observando libreta en mano.

Lo miro en los balcones de nuestro Palacio Cantón en mayo de 1993 reclamándome invitarlo a este calor para el que se declaraba incapacitado, sólo para después, en un salón repleto para la presentación de la revista Veraz, sostener que “la ironía será importantísima como un arma de la que el lector se provee, en la que el lector se ejercita en el enfrentamiento con la información, con la declaración”. No en balde su legendaria sección “Por mi madre Bohemios”, en la que con sarcasmo sin igual exhibía la estulticia de los personajes del poder (políticos, clérigos o empresarios), utilizando tan sólo sus propias palabras y algunas acotaciones marginales, llegó a hacer verdaderamente escuela por su originalidad e ironía.

En el prólogo que escribió para mi libro, México en una transición conservadora, sintetizó magistralmente el itinerario del conservadurismo yucateco: “La historia contemporánea de Yucatán no es sino la lucha por el poder acompañada de un pacto en la cumbre: gane quien gane, los usos y costumbres no se modifican.”

Y lo especificaba: “Si el conservadurismo yucateco es, en lo fundamental, un bloque de fuerzas que le cierra el espacio a las alternativas, este conservadurismo se filtra en el PRI, avasalla a los empresarios, exalta a los del PAN y, acaudillado por periodistas y clérigos, se torna en el factor político más conspicuo.” A este respecto, ante una región como la nuestra que no era objetivo principal de su estudio, mostró una sensibilidad extraordinaria.

Tiempos oscuros los actuales, en México y en el mundo, que se hacen aún más difíciles con la desaparición de mentes tan lúcidas como las de Carlos Montemayor apenas hace unas semanas, Bolívar Echeverría hace unos días, José Saramago ayer y hoy Carlos Monsiváis.

Algo queda claro, los grandes intelectuales no se recluyen en ese cinismo innoble que reduce a algunos escritores a convertirse en amanuenses del poder, la escritura genuina reclama un compromiso ético y el rescate de la perspectiva renacentista, que implica salir de la compartimentación de especialistas y de muchos académicos que interesadamente ignoran lo que sucede más allá de su reducido campo, y que obliga a mirar al conjunto de la sociedad, a buscar, a rescatar lo que nos hace humanos. En estos tiempos grises de cinismo e hipocresía, la obra de Monsiváis constituye una luz que continúa iluminando al país y que habrá que rescatar, proyectar y recrear, si no queremos ver a nuestra nación deslizarse por el tobogán en que lo está enfilando la derecha depredadora e inconsciente.

El agujero que deja es sin embargo gigantesco, del tamaño de la tristeza que nos produce a varias generaciones de mexicanos su partida. (enrimo21@hotmail.com)

Publicado en Diario Por Esto! 20 de jnio de 2010