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miércoles, 14 de abril de 2010

Marta Lamas y el caso Q.Roo

Un costo de la reforma fundamentalista
Marta Lamas
A la diputada priista María Hadad Castillo, por su valentía MÉXICO, D.F., 13 de abril.-
En Quintana Roo se desarrolla un drama en torno a una niña de 10 años que quedó embarazada como consecuencia del abuso sexual de su padrastro. La pequeña, originaria de Rovirosa, una comunidad rural, queda fuera de las excepciones en las que la ley local permite el aborto: en el caso de violación es hasta los 90 días, y ella tiene ya cuatro meses de gestación, o sea, 120 días. La diputada María Hadad Castillo (PRI), presidenta de la Comisión de Equidad y Género del Congreso del estado, ha hecho un llamado para que los médicos interrumpan ese embarazo. Según Hadad Castillo, una posibilidad sería que los médicos declararan que su vida corre peligro y así se aplicaría la cuarta causal, que señala que el aborto no será punible cuando, “a juicio del médico que atienda a la mujer embarazada, sea necesario, para evitar un grave peligro para la vida”. De acuerdo con la diputada, y coincido con ella, la vida de la chiquita ya está en peligro: violada reiteradamente, enfrenta una maternidad forzada para la cual no está preparada. Los médicos del DIF hablan de un embarazo de alto riesgo, pero no de peligro para su vida. ¿Por qué? Porque piensan que asumir esa postura los convertiría en “abortistas”, y tienen miedo, luego de que en abril del año pasado 18 diputados (13 del PRI, cuatro del PAN y uno del Verde Ecologista) aprobaron en Quintana Roo la reforma que consagra al ser, desde su concepción, como “sujeto de derechos para todos los efectos legales correspondientes”. (Los siete diputados que votaron en contra fueron uno del PRI, uno de Convergencia, uno del PRD, dos del Verde Ecologista, uno del Panal y uno del PT.) A partir de ese momento, muchos médicos que tenían una postura humanitaria respecto al aborto percibieron un riesgo y dieron un paso atrás: no se quieren meter en problemas. No es un temor infundado el que sienten. Hace unos meses se dio el caso de una joven embarazada de siete meses que, al mover los muebles de su casa, tuvo un aborto imprudencial. Llegó al hospital, luego de haber perdido tres litros de sangre, sólo para que la detuviera la policía. La Procuraduría, en un gesto que la hizo más papista que el Papa, reclasificó ese aborto imprudencial como homicidio culposo agravado por parentesco y metió a la muchacha a la cárcel. La presión de diversos grupos de la sociedad fue tal que se logró que la Procuraduría se desistiera y el juez la dejara libre. Pero este incidente marcó un giro punitivo fuera de lo común, derivado de la reciente reforma. Según la diputada Hadad, Quintana Roo es el estado líder en abuso sexual contra menores. En el estudio que UNICEF y el DIF hicieron sobre la infancia en México, mientras el índice de abuso sexual contra niños alcanzaba un promedio nacional de 3.4, en Quintana Roo casi se triplicaba: 9.7. Y como estos índices se construyen a partir de las demandas presentadas, si se consideraran los casos que no llegan a denunciarse el número real sería mucho mayor. Es espantosa la cobardía que rodea el caso de la chiquita violada y embarazada. Aunque la diputada priista ha intentado introducir algo de racionalidad al asunto, las demás autoridades son pusilánimemente precavidas. Areli Camargo Chávez, procuradora estatal de la Defensa del Menor y la Familia, señaló que aunque la menor de edad “no deja de ser una niña”, es mejor que continúe con la gestación. ¿Mejor para quién? Esta funcionaria afirmó que, de acuerdo “con el informe del ginecólogo, su vida no corre peligro; el embarazo es de alto riesgo, no va a ser natural, será cesárea; sin embargo, su bienestar se garantiza si se continúa con él”. ¿Qué implica llevar a término el producto de una violación? ¿Acaso se trata de que la niña dé a luz a una muñeca con la cual jugar? ¿No hay una visión de futuro que respete su vida? Camargo Chávez concedió que, en caso de que se “comprobara” que la vida de la niña estuviese en riesgo, “ella siempre sería la prioridad”. ¿Quién va a arriesgar esa “comprobación”, cuando a raíz de la reciente reforma se ha provocado recelo entre los médicos? Más que tomar una determinación pensando que el futuro de esa niña debería ser estudiar y jugar, se introducen juicios morales y religiosos sobre la vida por venir. ¿Eligió esa niña ser madre? ¿Es tan complejo regresarla a la situación previa?En nuestro país el conflicto en torno al aborto va a persistir mientras no se deslinde en serio el aspecto legal del moral. Hay que prevenir los abortos con una educación sexual amplia y con una oferta sostenida de métodos anticonceptivos. Pero también hay que remediar los embarazos no deseados, especialmente los que son producto de la violencia sexual. Tal vez una mujer adulta pueda consentir un embarazo producto de una violación. Una niña de 10 años no está en condiciones de hacerlo. Por último, se necesita unificar el tratamiento penal del aborto en todo el territorio nacional. Sólo la seguridad jurídica de no estar cometiendo un delito hará que los médicos se atrevan a resolver humanitariamente situaciones trágicas como la de esta chiquita. Mientras tanto, es imprescindible escuchar voces como las de la diputada Hadad Castillo, que obligan a revisar y debatir las consecuencias de las 17 nefastas reformas conservadoras. Editorial EL UNIVERSALLa engañosa publicidad14 de abril de 2010

sábado, 3 de abril de 2010

Verdades

Ni hablar, le dijeron sus verdades


Carta del presidente Harry S. Truman al Papa Eugenio Pacelli (Pio XII)




Harry S. Truman

La Sotana del Diablo
Julio de 1952
Washington, D.C.
Estimado Señor Pacelli:
Como bautista y como jefe ejecutivo de la nación más grande y poderosa del mundo, en la cual todos me llaman simplemente señor Truman, no puedo dirigirme a usted como "Su Santidad", titulo que sólo pertenece a DIOS.
Nosotros, en los Estados Unidos de América, consideramos a todos los hombres iguales delante de Dios y nos dirigimos a ellos por sus verdaderos nombres. Por eso mismo es que me dirijo a usted simplemente como señor Pacelli. El pueblo que me eligió su Jefe Ejecutivo es una nación democrática, amiga de la paz, por lo tanto, mi deber es conseguir la cooperación de aquellos que realmente hayan dado pruebas de desear la paz y de trabajar para conseguirla, no de los que gritan paz y fomentan la guerra. No creo que usted ni su iglesia estén entre los que verdaderamente desean la paz y trabajan por ella.
En primer lugar, nuestros antepasados fundadores de esta gran nación, conocedores por la historia de la naturaleza de su iglesia, amante de la política y de la guerra, sentaron como principio de nuestro gobierno no permitir su intromisión en nuestros asuntos de gobierno.
Aprendieron bien esa lección en la historia de Europa y, por eso, estamos convencidos de que nuestra democracia durará mientras no aceptemos su intromisión, como lo hicieron los gobiernos de Europa a quienes enredaron con sus doctrinas e intrigas políticas. Thomas Jefferson, uno de los más sabios de nuestro país, dijo esto mismo cuando lo declaró: "La historia no nos muestra ningún ejemplo de pueblo alguno manejado por el clero que haya tenido un gobierno civil y libre".
Por eso es usted la última persona en el mundo que pueda enseñarme la forma de dirigir a mi pueblo por el camino de la paz.


PIO XII
Para refrescar su memoria le recordaré algunos hechos de su predecesor en el Vaticano, el Papa Pío XI, el iniciador de toda agresión fascista en los tratados de Letrán, celebrados con Mussolini en 1929. Éste fue el principio de la traición a la civilización cristiana. Fue éste el comienzo de los horrores que sufrieron Europa y el mundo, cuyas consecuencias estamos sufriendo todavía.
Un notable escritor e historiador de mi país, Lewis Munford (que no es comunista, ni odia a los católicos), escribió lo siguiente en su libro "Faith For Living", que publico en 1940: "La traición al mundo cristiano se efectuó claramente en 1929 con el concordato celebrado con Mussolini y el Papa". Dice algo más: "Desafortunadamente los propósitos del fascismo están en gran conflicto con los de una república libre, como es la de los Estados Unidos de América.
En este tratado la Iglesia Católica...... fue su aliada, una potente aliada, de las fuerzas de la destrucción".
En esa época muy pocos de los que vivimos en los Estados Unidos conocíamos la verdadera naturaleza del fascismo, como usted y el Papa XI lo conocían, pues fueron los que fomentaron la guerra y aliaron su iglesia a él (al fascismo).
Usted mismo fue especialmente preparado, como joven sacerdote y como diplomático de la Iglesia, para el propósito específico de ayudar a Alemania a prepararse para la Segunda Guerra Mundial.
Usted y el Káiser urdieron en Suiza las intrigas contra los aliados durante la Primera Guerra Mundial. Usted estuvo doce años en Alemania, en donde tomó parte de la ascensión de Hitler al poder, habiendo celebrado acuerdos con él y con el execrado Von Papen, un segundo Papa, que ayudó a Hitler a tomar el poder y puso firma con la del cardenal Eugenio Pacelli y la de Hitler en el Concordato con el Vaticano, firmado en 1933.
Nadie creerá jamás que usted ignorara el complot que Hitler y sus nazis estaban preparado contra nosotros. El propio biógrafo católico dice que usted era durante esos años "el hombre más informado del Reich".


Harry S. Truman

Después de la firma del Concordato por usted y por Von Papen, y de hacer aspersiones con agua bendita a Hitler, dándole la "impresión" de que resucitaba, Von Papen, que logró escapar de Nuremberg, se jactaba en la siguiente forma: "El tercer Reich es el primer poder que no solamente reconoce sino que pone en práctica los altos principios del papado".
Sus cardenales y obispos bendijeron en Roma las armas de guerra de los soldados enviados contra indefensos etíopes. Su cardenal Schuester, de Milán, proclamó el robo de Etiopia como una cruzada santa "para llevar en triunfo a Etiopia la Cruz de Cristo". Mientras tanto sigue usted llamando a su iglesia "la iglesia de Dios" y pretende que yo, como jefe de un estado civil, lo admita a usted como superior a mí y al pueblo de los Estados Unidos de América. Usted habla con palabras melosas sobre justicia y al mismo tiempo hace sonar los tambores para otra guerra, tal vez más terrible que las dos últimas, contra Rusia que nos ayudó a derrotar a Hitler y Mussolini.
Usted está incitando a los Estados Unidos para que cuanto antes declare la guerra a Rusia, usando los mismos métodos empleados por Hitler para lograr la solidez de sus detestables y diabólicos regímenes.
Usted quiere que desperdiciemos nuestro dinero y que enviemos a nuestros jóvenes a una muerte horrible, que sobre los cadáveres de Hitler y de Mussolini terminemos la lucha que aquellos empezaron con ayuda suya y a quienes nosotros derrotamos. Sí, los Estados Unidos de América desean la paz, pues de todas las naciones solamente nosotros quedamos con alguna prosperidad y decencia.
Somos el baluarte de las libertades democráticas protestantes. Si nosotros, o la Inglaterra protestante, nos debilitáramos, su cultura católica tendría una oportunidad para gobernar otra vez el mundo, haciéndolo retroceder a la Edad Media. Si perdiésemos o nos debilitáramos con la guerra que usted está provocando contra Rusia, fácilmente procuraría el Vaticano una alianza con ella. Su predecesor el Papa Pío XI, declaró públicamente que él haría pacto con el diablo mismo, si conviniera a los intereses de la Iglesia. Por lo tanto, señor Pacelli, es mi deber como Jefe de este país predominantemente protestante, rechazar sus propuestas a guisa de alianza, de pacto de paz . "Los que comen en el plato en que el Diablo está comiendo, deben usar una cuchara muy larga".
Continuaré mi labor para lograr y mantener la paz como buen bautista, conservando los honrados principios protestantes que hicieron poderosa nuestra nación y trabajando por ellos.

Sinceramente suyo.

HARRY S. TRUMAN
PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA



Harry S. Truman